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Pasando la antorcha. Capítulo 3: El Coloso renace

El Título Internacional Hatun Auqui fue el primer campeonato moderno de Lucha Libre.

El Título Internacional Hatun Auqui, primer campeonato moderno de Lucha Libre. Foto: Carlos García

Hace medio siglo, la Lucha Libre era tan popular en la cultura peruana como lo es para México o Bolivia. Tras una serie de intrigas políticas, malos manejos en su imagen, inseguridad ciudadana y la pérdida de su más grande promotor e impulsador, Max Aguirre, este deporte cayó estrepitosamente por un tiempo.

Mientras hubiera un luchador de pie que esté dispuesto a continuar, la Lucha no moriría. Es así que llegamos a la conclusión de la saga del Cachascán y su evolución en Lucha Libre. Conoce cómo se originó la edad moderna.

La instauración de un nuevo orden en la coyuntura política aseguraba un regreso a la estabilidad. Poco sabíamos lo que nos costaría esta pues, años después, descubriríamos con pesar todas las atrocidades cometidas en ese gobierno.

Mientras oscuros poderes se movían en la sombra, la mayoría de ciudadanos de a pie seguía reconstruyendo su vida con un fuerte influencia cultural de USA. Es así que varios programas y sitcom ochenteros continuaron llegando al Perú durante los 90. Parte de este paquete audiovisual había traído dos novedades sobre la Lucha Libre: GLOW y WWF

Primero hablemos sobre G.L.O.W (Georgeous Ladies of Wrestling), cualquier persona nacida en los 80 puede identificar a ojos cerrados este intro. Jóvenes luchadoras, sí, era una liga femenina, se enfrentaban con un argumento muy simple: Las rudas, encabezadas por la “Tía Kitty”, querían sobresalir por encima de las técnicas, lideradas por la mismísima Jackie Stallone, madre de Sylvester Stallone. Cabe mencionar que una de las mejores campeonas femeninas de WWF salió de aquí: Ivory, conocida en GLOW como Tina Ferrari.

Ahora hablemos del germen de la lucha libre moderna: WWF. En aquellos días no había Internet por lo que acceder a eventos era tarea complicada. Las cintas de VHS era la única forma de acceder a un PPV. Tal era el fanatismo que este material se comercializaba en mercados informales no controlados permitiendo un precio accesible para un joven promedio de la época.

El popular Hulk Hogan, gran impulsador en USA, se conoció en esta parte del mundo y era sinónimo de wrestling. Es en esta época que la palabra inglesa “wrestling” opaca a su prima “caschascán” convirtiéndose no solo en su sinónimo, sino en referencia para este arte.

Cuando uno de los canales locales inició la trasmisión de RAW captó rápidamente a los fans que buscaban lucha, a los mayores que buscaban cachascán y los pequeños que gustaron del espectáculo visual. El éxito se comprobó cuando las Monday Night Wars (un simple eufemismo ya que aquí fue la guerra de los sábados) tuvieron su versión peruana y es que RAW era la respuesta de América TV a WCW Nitro que llegaba gracias a Panamericana repitiendo la misma historia que en USA.

Tanto fue el éxito que un productor avezado organizó un evento prometiendo a los “Gladiadores” (nombre con el que se conoció Monday Nitro en Perú) en el mítico Coliseo Amauta. El que menos pensó que, efectivamente, serían luchadores de WCW, pero lo visto aquella noche no fue un Nitro con Goldberg, Sting o el inmortal Hogan, fue una presentación de la WPW (Worldwide Pro Wrestling) con un Hogan falso a la cabeza.

El Infernal y Heavy Metal en lucha de escaleras.

El Infernal y Heavy Metal en lucha de escaleras.

Un episodio similar se vivió a inicios de los 90 cuando se anunció a las chicas de GLOW en la Feria del Hogar de San Miguel, lo cual resultó siendo una estafa. Otra productora local, canal 13, se sinceró y anunció la venida de otro grupo de luchadores que nada tenía que WCW o WWF. La sinceridad provocaba curiosidad sobre todo cuando veías que habían luchadores peruanos que querían enfrentarlos. Para quien no conocía el cachascán esta noticia podría parecer una de las mejores en su vida. ¡Perú tenía lucha libre! Pero, ¿cómo o dónde?

En los 90 se dio la incursión de un nuevo tipo de luchadores.

La nueva generación de luchadores.

Es allí cuando se conoció a los sobre vivientes de “Los Colosos del Catch”. Un grupo de luchadores retirados que se negaban a dejar morir a la lucha entrenando una nueva camada de jóvenes.

Sandokán, Pepe Pantera, El Enfermero, El Hombre Araña y demás llegaban a nuestros días. En un rincón del Callao tenían un ring conseguido con esfuerzo, durante los inicios en el “Puente del Ejército” los entrenamientos se realizaban sobre el piso.

Para fines de los 90, un grupo reducido de nuevos exponentes se levantaba como la nueva generación de la lucha libre realizando funciones esporádicas en pequeños recintos. Es en 1998 que Helton “The Game” Delgado, un empresario local, decide asumir el rol de promotor organizando algunos eventos en el Coliseo Manuel Bonilla con el auspicio de la Municipalidad de Miraflores.

Encuentro de lucha libre de la división femenina

Lucha libre de la división femenina

Esta serie de eventos prometían un regreso gradual de la lucha libre ya que la meta era hacerlo con frecuencia y adoptando el modelo de Estados Unidos, una historia detrás de cada enfrentamiento, música, personajes definidos y caracterizados. Incluso, se llegó a tener una división femenina a fines de los 90.

Debido a la exigente agenda de un promotor, Helton decidió dar prioridad a otras actividades más rentables. Aquí entra a escena un exitoso empresario de estructuras metálicas muy curtido en este rubro ya que se trataba de un ex luchador: Rubén Cavallini, Robin Hood.

Para este momento, los nuevos valores eran jóvenes entrenados por Sandokán, El Enfermero, El Caballero Rojo, El Cóndor y Rudy Chile. Los nuevos nombres iban surgiendo de a pocos, teníamos a Heavy Metal, La Cobra, Espectro, El Infernal, Tanaka, Barracuda Jr. Escocia, La Comando, la Americana, Akira, entre otros.

Rubén Cavallini conoció rápidamente las limitaciones del oficio de promotor al no poder dedicarse al 100% a esta tarea. Delegó funciones en un luchador activo de su confianza: Apocalipsis. Él se encargaría de organizar el proyecto más ambicioso de don Rubén: El Torneo Latinoamericano Hatun Auqui, cuyo cinturón representaba la fusión entre la cultura peruana y la lucha libre (en portada).

Nota sobre el Último Chingón en Perú

Nota sobre el Último Chingón

Este torneo realizado en 2008 reunía a representantes de diversos países latinos: Montoya de Chile, Kuervo de Ecuador, Histeria de Bolivia y el “Último Chingón” de México. Justamente fue el mexicano quien se alzó con la victoria en la final ante Apocalipsis y Kuervo. El campeón reinante se encargaría de sacarle brillo al título Hatun Auqui en España, Medio Oriente, México y Chile.

Es en una segunda defensa en Chile donde el Hatun Auqui se queda como trofeo de guerra en la empresa Revolución Lucha Libre en 2011.

Fue en 2013 cuando el Hatun Auqui regresó a casa gracias al relanzamiento de GeneraXión Lucha Libre que incorporaba un nuevo modelo de negocio, además de rostros conocidos como Slayer, Clov, Extinto, Electro o Necrómano cuyo regreso fue el más impactante en la Lucha Libre Peruana y salvó al título Hatun Auqui de su exilio convirtiéndose en el primer peruano en poseer el prestigioso campeonato.

Cuenta la leyenda que un joven luchador, cuyo nombre es mejor mantenerlo en el anonimato, quiso comprar el título Hatun Auqui para su empresa. La respuesta de Rubén Cavallini fue tajante:

“Un título se gana, no se compra”.

Mención aparte merece Wolf, luchador dentro y fuera del ring cuyo maestro fue el legendario Lolo Company, “El Enfermero”, un cachascanista que saboreó la gloria del Coliseo Amauta en la edad dorada. La partida de “El Enfermero” alejó a Wolf un tiempo, pero el deseo de luchar heredado le devolvió al ring y continuó entrenando, esta vez, con Apocalipsis.

Igualmente Heavy Metal, considerado el mejor luchador aéreo del Perú, tuvo en Sandokán a su primer maestro y su potencial se fue desarrollando al punto de compartir eventos con luchadores como Rey Mysterio y Alberto del Rio.

Wolf y Heavy Metal en

Wolf y Heavy Metal en “Hora Cero”

Resumir una saga histórica completa en tres publicaciones es un poco injusto, hay nombres o anécdotas que han quedado fuera por ahora. La intención, y desafío, es publicar un libro que hable de todo esto y mucho más. Por ahora, sabemos que existió el cachascán, que tuvo su época dorada con “Los Colosos del Catch” y que Max Aguirre fue el artífice de esto.

Es lo mínimo que merecen estas leyendas y, aunque “Los Colosos” no volverán, evitarán la muerte del olvido mientras sigamos luchando y entreteniendo al público. Su legado está asegurado y la antorcha ha sido recibida. ¡Muchas gracias!

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